ARTÍCULO

Wilhelm y Alexander von Humboldt y la cultura espaĖola

Martín Almagro-Gorbea*

Real Academia de la Historia, Madrid

*e-mail: anticuario@rah.es


Recibido el 8 de octubre de 2014                                          An. Real Acad. Farm. Vol. 80, Nľ 3 (2014), pag.578-599

resumen

Análisis de las relaciones de los hermanos Alexander y Wilhelm von Humboldt con la cultura y la ciencia espaĖolas, con las que entraron en contacto en sus estudios científicos. El tema, escasamente valorado, ayuda a comprender su visión sobre EspaĖa, los resultados de dichos estudios, en ocasiones discutibles, y la apreciación de los mismos desde la mentalidad espaĖola.

Palabras clave: Alejandro de Humboldt; Guillermo de Humboldt; Ciencias Naturales; Lingüística; Historia de la Ciencia.

abstract

Analysis of the relationship of Alexander and Wilhelm von Humboldt with Spanish culture and science. The theme, poorly valued, help to understand their vision of the Spain culture. The results of these studies, sometimes controversial, help to understand the appreciation of their researches in the Spanish cultural tradition.

Keywords: Alexander von Humboldt. Wilhelm von Humboldt. Natural Sciences. Linguistic. History of Science.

Wilhelm (1767-1835) y Alexander (1769-1859), como es bien sabido, eran hijos del matrimonio de Alexander Georg von Humboldt con una viuda burguesa de origen hugonote, Maria Elizabeth Colomb. Ella se ocupó de darles en su Palacio de Tegel una esmerada formación liberal, próxima al ideario pedagógico de Rousseau, que les imprimió un espíritu cosmopolita y científico al servicio del progreso de la humanidad, formación que pasó a ser el modelo de la juventud intelectual germana.

Este ambiente familiar, la formación recibida y su espíritu republicano próximo a la Revolución Francesa hacen que sus vidas ofrezcan muchos elementos comunes, aunque desde su juventud uno y otro hermano muestran caracteres y vocaciones diferentes, uno orientado hacia las humanidades y otro hacia la ciencia. Wilhelm se sintió atraído hacia la teoría política, la educación y la lingüística, mientras que Alexander se dedicó a la naturaleza y las ciencias de la tierra.

Las circunstancias vitales de uno y otro les llevaron, por motivos diferentes, a viajar a EspaĖa y a entraran en contacto con sus gentes y su cultura, de la que se sentían extraĖos por su ambiente familiar y su formación. Ello les permitió establecer relación con la tradición científica y humanista espaĖolas del siglo XVIII, pero estos contactos, de evidente interés, no siempre se han valorado al estudiar su vida y su obra ni en la Historia de la Cultura EspaĖola. Por ello, me ha parecido oportuno exponer algunos aspectos de mayor interés, más profundos de lo que generalmente se piensa, en esta ocasión en la que la Asociación Alexander von Humboldt de EspaĖa se reúne en esta Real Academia de la Historia.

El primero en venir a EspaĖa en la primavera de 1799 fue Alexander[1], seguido poco después de Wilhelm, en el otoĖo de ese mismo aĖo. Alexander creció en la era de las grandes expediciones, como las de Antonio de Ulloa y Jorge Juan (1735-1744), Carsten Niebuhr (1761-67), Louis Antoine de Bougainville (1766-69), James Cook (1768-71, 1772-75, 1776-80) y Alejandro Malaspina (1789-94). Sus relatos le fascinaron desde joven y suscitaron su afición romántica a las regiones tropicales, idealizadas por Rousseau y Buffon y al leer obras de Haller, Mac Pherson y Goethe que recreaban la naturaleza y describían al hombre primitivo alejado de la civilización[2].

Alexander había sido invitado a participar en un viaje alrededor del mundo organizado por la Francia del Directorio que fracasó por falta de medios, y tampoco pudo ir a estudiar el Atlas, por la inestabilidad política de Marruecos. Entonces decidió solicitar permiso al Rey de EspaĖa para realizar un viaje a América, cuyas tierras eran muy poco conocidas por los no espaĖoles, aunque algunas expediciones científicas del siglo XVIII habían empezado a tocar en sus puertos, pues la Corona espaĖola restringía el paso de extranjeros a América, como evidencian los escasos relatos de viajes publicados en la Europa de la época[3].

Philippe von Forell, embajador de Sajonia en Madrid, personalmente interesado en los estudios científicos, le ayudó a introducirse en la Corte y a negociar su proyecto, pues era amigo y colaboraba con José Clavijo, así como con Cristian Herrgen, profesor de mineralogía del Real Gabinete de Historia Natural y del Real Estudio de Mineralogía, según indica el propio Humboldt en su Viaje a las Regiones Equinociales del Nuevo Continente. En este sentido, Alexander podría incluise entre los especialistas alemanes en Minerología que vinieron a la EspaĖa ilustrada. En Madrid estaban los hermanos Heuland, que fueron comisionados para una expedición a Chile; Christian Herrgen fue el primer catedrático de mineralogía en EspaĖa; Johann Heinrich Thalacker fue colector de minerales para el Real Gabinete de Historial Natural y especialistas sajones colaboraban en la dirección técnica de las minas de Almadén[4].

En la solicitud presentada[5], Alexander expone cómo “Teniendo un ardiente deseo de ver otra parte del mundo y de verla con la referencia de la física general, de estudiar no solamente las especies y sus caracteres, estudio que se ha hecho casi exclusivamente hasta hoy día, sino la influencia de la atmósfera y de su composición química sobre los cuerpos organizados; la formación del globo, las identidades de estratos en los países más alejados unos de otros, en fin, las grandes armonías de la Naturaleza, tuve el deseo de dejar por algunos aĖos el servicio del Rey y de sacrificar una parte de mi pequeĖa fortuna al progreso de las Ciencias…” Su objetivo científico era comprender el mundo natural en su mutua interacción, pues presuponía la unidad de todos los fenómenos y pretendía descubrir su interacción con el ser humano, objetivo que cristaliza en su obra cumbre, Cosmos, síntesis de toda su vida científica[6]. Para ello Humboldt llevaba consigo los más novedosos instrumentos científicos para determinar la posición astronómica, analizar la declinación y la inclinación magnéticas, la composición del aire, la temperatura del mar, etc.

El 11 de marzo de 1799 Forell escribió a Mariano Luis de Urquijo[7], Secretario de Estado desde 1798, que era un destacado reformista de la Ilustración, interesado por el progreso de las ciencias e impulsor desde la Real Academia de la Historia de la Real Cédula de 1803, que puede considerarse la primera legislación sobre Patrimonio Histórico de Europa[8], y le pedía que hiciera llegar una memoria a Carlos IV para apoyar el viaje de Humboldt y Bonpland. La solicitud suscitó el interés de la corte espaĖola y, con el apoyo de Urquijo[9], el Rey les concedió pasaportes muy generosos y cartas de recomendación para viajar a América con sus instrumentos, pues el viaje iba a permitir grandes avances en el conocimiento científico de la Naturaleza. También recibían el encargo, por escrito, de recolectar plantas y minerales para museos y jardines botánicos espaĖoles[10]y el permiso para estudiar las minas, cuyo interés económico lógicamente era muy valorado por el gobierno espaĖol.

Alexander narra estos hechos así: “fui presentado a la corte de Aranjuez, en el mes de marzo de 1799. El rey se dignó acogerme con bondad. Le expuse los motivos que me inducían a emprender un viaje al nuevo continente y a las islas Filipinas, y presenté una memoria sobre esta materia al secretario de Estado. El caballero de Urquijo apoyó mi solicitud y logró allanar todos los obstáculos. El proceder de este Ministro fue tanto más generoso cuanto no tenía yo nexo ninguno personal con él. El celo que mostró constantemente para la ejecución de mis proyectos no tenía otro motivo que su amor por las ciencias. Es un deber y una satisfacción para mí consignar en esta obra el recuerdo de los servicios que me prestó”.

Humboldt comprendió la importancia de esta generosa colaboración, que les garantizaba protección y ayuda en América, pues “Nunca había sido acordado a un viajero permiso más lato; nunca un extranjero había sido honrado con mayor confianza de parte del gobierno espaĖol”[11]. Alexander declaró al Journal de Bordeaux que el viaje fue costeado por él, pero el Rey de EspaĖa le permitió realizarlo y le proporciono un apoyo logístico que suponía una “considerable aportación económica” con el consiguiente ahorro de costes, a lo que se aĖadía el apoyo que suponían los funcionarios y gentes locales, al alojarles, acompaĖarles y auxiliarles en las exploraciones. Además, sus contactos personales le facilitaban sus objetivos, pues su habilidad diplomática, como la de su hermano Wilhelm, le ayudó a moverse en la sociedad aristocrática del Viejo Régimen para obtener los apoyos necesarios. Humboldt comentó a Friedländer “las ventajas de su alianza financiera con Iranda”, marqués de origen guipuzcoano del Consejo Real de Hacienda, que era uno de los comerciantes más ricos de EspaĖa, pues controlaba una amplia red de negocios con ramificaciones en Europa y América, donde tenía mucha influencia[12]. Alexander al instalarse en Madrid, escribió a Kunth el 4 de abril de 1799 que Iranda “le trataba como un padre y le facilitaría todo lo necesario para su viaje”.

El famoso viaje a América de Alexander von Humboldt se ha descrito en numerosas ocasiones, pero parece oportuno hacer aquí un breve resumen[13]. Humboldt zarpó en 1799 de La CoruĖa en la fragata espaĖola Pizarro hasta las Canarias, donde ascendió al Teide para hacer experimentos[14]. En julio llegó al puerto de Cumaná, en Venezuela, y visitó la costa de la Guayana. En enero de 1800 partió de Caracas hasta Portocabello y, desde la fortaleza de San Carlos del Río Negro exploró este río y después remontó el Orinoco hasta sus fuentes en las tierras de Esmeralda, descendiendo a continuación hasta su delta en la Guayana para regresar a Cumaná.

Desde aquí partió para La Habana y permaneció tres meses en Cuba[15]. Al tener noticias de que pasaría por Chile y Perú el capitán Nicolas Baudin en su viaje alrededor del mundo que le llevaría a Australia, en marzo de 1801 fletó una pequeĖa goleta hasta Cartagena de Indias con la intención de alcanzar por el istmo de Panamá el Mar del Sur para encontrarse con Baudin y recorrer el Pacífico. Sin embargo, su viaje tuvo otro itinerario. Ascendió por el río Magdalena en Colombia hasta Santa Fe de Bogotá, capital del Reino de Nueva Granada (actuales Colombia, Venezuela y Ecuador), donde conoció la magnífica colección de José Celestino Mutis y recorrió la región hasta septiembre de 1801. Cruzó los Andes y por Popayán llegó a Quito en enero de 1802, donde durante un aĖo realizó expediciones acompaĖado por Carlos Montúfar, hijo del marqués de Selva Alegre.

Tras explorar la selva del Amazonas regresó a través de los Andes. Vio la calzada del Inca, pasó por Cajamarca y Trujillo, visitó las ruinas chimúes de Chan Chan, llegó a Lima y en Guayaquil redactó el borrador del Essai sur la géographie des plantes[16] antes de embarcar para México. Llegó a Acapulco, pasó por Cuernavaca y llegó a la capital, que entonces tenía 150.000 habitantes y que Humboldt comparó a las más bellas ciudades de Europa. En México le impresionaron sus instituciones científicas y culturales, como el Colegio de Minería, el Jardín Botánico y la Real Academia de San Carlos, a las que me referiré más adelante. Tras recorrer diversos lugares y estudiar y cartografiar los territorios de Nueva EspaĖa que hoy conforman México[17], embarcó en Veracruz rumbo a La Habana, donde recogió las colecciones dejadas en 1801 y, tras hacer escala en Filadelfia, volvió a Europa en julio de 1804.

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Humboldt no sólo se interesó por la naturaleza. Para comprender el Nuevo Mundo, estudió las culturas prehispánicas, los relatos de los primeros cronistas y misioneros desde el Descubrimiento, además de las complilaciones e historias posteriores. En su Examen critique seĖala que “la lectura de las obras que contienen las narraciones de los conquistadores ha tenido para mí especial atractivo, y las investigaciones hechas en algunos archivos de América y en bibliotecas de diferentes partes de Europa me han facilitado el estudio de una rama descuidada de la literatura espaĖola”. En efecto, refiere el desconocimiento en Europa de esta bibliografía, que contrasta con las numerosas citas de cronistas que ofrecen sus obras, Vues des CordillŹres et monumens des peuples indigŹnes de l’Amérique[18], Examen critique de l’histoire de la géographie du Nouveau Continent[19] y también en su síntesis Kosmos[20].

Vues des CordillŹres es un libro de América en imágenes, espectacular por sus magníficas 69 láminas, procedentes de sus croquis personales, de pintores locales y de manuscritos indígenas. Refleja su interés por las culturas prehispánicas y constituye el primer libro científico europeo sobre América que incluía la historiografía espaĖola, tantas veces olvidada en Europa, pues ya en Madrid había entrado en contacto con Juan Bautista MuĖoz[21], quien, como Cronista de Indias, custodiaba la documentación y cartografía sobre el Nuevo Mundo, hoy en buena parte conservada en esta Real Academia de la Historia[22].

Vues des CordillŹres es la obra de un antropólogo, etnógrafo y arqueólogo enamorado de la diversidad de culturas y lenguas americanas, que analiza con método comparativo, a la vez que las describe e ilustra como un prerromántico. Humboldt coincide con los cronistas espaĖoles al percibir cómo las ideas que caracterizan a un pueblo proceden de sus raíces históricas[23], en un proceso de “longue durée”. Discute la supuesta inferioridad americana planteada por Buffon y otros autores[24] y, al analizar el origen y evolución de los pueblos indígenas de América, plantea la antigüedad del hombre americano, que consideraba de origen asiático mongoloide, dentro de la unidad biológica y cultural del género humano; también valoró las relaciones culturales entre Asia y las altas culturas de México y Perú, según dedujo del estudio de los cronistas espaĖoles y del análisis comparado de monumentos, jeroglíficos, instituciones, cosmogonías e ideas religiosas[25]. Su visión era determinista respecto al medio natural, por influjo de Winckelmann y Goethe[26]: “No puede desconocerse que el clima, la configuración del suelo, la fisonomía de los vegetales, el aspecto de una naturaleza risueĖa o salvaje influyen en el progreso de las artes…; influencia más sensible a medida que el hombre se encuentra más apartado de la civilización” [27].

La Arqueología en la América hispana se había desarrollado notablemente a lo largo del siglo XVIII, impulsada por el descubrimiento de Pompeya por Carlos III, el “Rey Arqueólogo”[28]. Esta novedosa Arqueología hispanoamericana había permitido romper el marco del mundo clásico y convertirse en una ciencia histórica universal[29]. Humboldt, al describir unas impresionantes esculturas procedentes del Templo Mayor descubiertas en 1790 y 1791 bajo la Plaza Mayor de México, la Coatlicue, la Piedra de Tizoc y la Piedra del Sol, sigue la interpretación de Antonio de León y Gama[30] y de Guillermo Dupaix, según indica en su Diario. Considera que la Piedra del Sol sería unapiedra de sacrificios por donde corría la sangre. No sería extraĖo que, como se sacrificaban los prisioneros a los dioses, se hubiera adornado la piedra de sacrificios con los triunfos del rey”. Sin embargo, José Alcina y otros investigadores actuales han criticado la visión arqueológica sobre América de Humboldt, sin dejar de reconocer sus méritos[31]. En su viaje por México visitó Cholula, pero se observa cierto desinterés por visitar yacimientos importantes, como Teotihuacán o Xochicalco, en los que recurrió a utilizar las publicaciones de José Antonio Alzate[32] y Pedro José de Márquez[33]. Además, su visión evolutiva de las culturas del mundo tiene siempre a la cultura greco-latina como modelo, lo que le llevó a considerar toscas las pinturas y esculturas prehispánicas por su alejamiento de los cánones clásicos[34], a pesar de defender el carácter de civilizaciones avanzadas de algunas culturas prehispánicas americanas. Esta visión clásico-céntrica ha sido justamente criticada, aunque pueda considerarse característica de su tiempo y de su formación clasicista[35].

Más interés ofrece la autorizada opinión de Humboldt sobre la sociedad hispana, pues permite conocer los notables avances de la ciencia espaĖola durante la Ilustración, que cristalizaron en el reinado de Carlos IV. Humboldt ofrece repetidas veces en sus publicaciones y en su correspondencia una imagen muy positiva de la investigación desarrollada en EspaĖa y en las capitales virreinales[36], cuyos logros científicos eran en su época casi completamente desconocidos en Europa.

Ya desde su llegada, cuando preparaba su expedición en Madrid, miembros de expediciones anteriores le facilitaron las importantes colecciones que habían traído[37]. También admiró los avances de la astronomía naútica cultivada por la marina espaĖola, que era esencial para una buena cartografía: “La posterioridad más remota agradecerá a los marinos espaĖoles los immensos y importantes trabajos q.e han savido accopiar en los últimos 20 aĖos. Yo a lo menos no conosco otra nación qe uviese adelantado más la Astronomía naútica en publicando más mapas exactos en tan corto tiempo”[38], e igualmente seĖaló cómo los estudios cartográficos de Joaquín Francisco Hidalgo en Cartagena de Indias eran excelentes, sin comparación con los de ninguna otra nación europea[39].

La visión más positiva la ofrece en Mexico, donde llegó en 1803, pues era el reino más desarrollado y en él completó su experiencia sobre la América Hispana[40]. Sobre México llega a escribir: “Ninguna ciudad del Nuevo Continente, sin exceptuar las de los Estados Unidos, presenta establecimientos científicos tan grandes y sólidos como la capital de México. Citaré sólo la Escuela de Minas,… el Jardín Botánico y la Academia de pintura y escultura conocida con el nombre de Academia de las Nobles Artes.”[41].

Algunas de las expresiones de Alexander von Humboldt sobre el desarrollo científico de hispanoamérica causan sorpresa, pues contrastan con la tradición de la Leyenda Negra asumida por Europa y asimilada por buena parte de la sociedad espaĖola actual: “Desde fines del reinado de Carlos III, y durante el de Carlos IV, el estudio de las ciencias naturales ha hecho grandes progresos no sólo en México, sino también en todas las colonias espaĖolas. Ningún gobierno europeo ha sacrificado sumas más considerables que el espaĖol, para fomentar el conocimiento de los vegetales. Tres expediciones botánicas, a saber, las del Perú, Nueva Granada y Nueva EspaĖa, dirigidas por los seĖores Ruiz y Pavón, don Jose Celestino Mutis y los seĖores Sesse y MociĖo, han costado al Estado cerca de 400,000 pesos”[42].

En efecto, José Celestino Mutis, enviado en 1763 a Bogotá, capital de Nueva Granada era el botánico más eminente de América, que perfeccionó el estudio y dibujo de las plantas, mantuvo correspondencia con Lineo y fundó el primer observatorio astronómico en la América espaĖola[43]. En 1783, dirigió la célebre Expedición Botánica, la mayor empresa de este tipo en su época. Humboldt fue largo tiempo huésped suyo y mantuvo correspondencia con su sucesor, Francisco José de Caldas. Otras dos importantes expediciones botánicas fueron patrocinadas por la Corona de EspaĖa: Ruíz y Pavón estudió las plantas en Perú y Chile y el doctor Martín Sessé las de Guatemala, México y California. Además, Humboldt encontró en Lima una expedición científica de la que formaba parte el geólogo José Elhuyar y también el botánico alemán Barón de Nordenflict[44], quienes le trataron como anfitriones y colaboradores y, en México, el Director de la Escuela de Minería, Manuel del Río[45], descubridor del vanadio, había sido compaĖero suyo de estudios en la Escuela de Freiburg en 1792.

Todavía mayor entusiasmo le produce la Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva EspaĖa, que fue la primera Academia del continente americano, pues había sido creada por Carlos III en 1783 al recoger una iniciativa de las elites criollas encauzada por el virrey Bernardo de Gálvez[46]. Su admiración se refleja en las expresiones recogidas en su Ensayo político sobre Nueva EspaĖa: “Esta academia debe su existencia al patriotismo de varios particulares mexicanos y a la protección del ministro Gálvez. El gobierno le ha cedido una casa espaciosa, en la cual se halla una colección de yesos más bella y completa que ninguna de las de Alemania. Se admira uno al ver que el Apolo de Belvedere, el grupo de Lacoonte y otras estatuas aún más colosales han pasado por caminos de montaĖa que por lo menos son tan estrechos como los de San Gotardo (Suiza), y se sorprende al encontrar estas grandes obras de la antigüedad reunidas bajo la zona tórrida, y en una meseta que está a mayor altura que el convento del Gran San Bernardo”[47].

A continuación, Humboldt explica su financiación y los efectos de la renovación neoclásica impulsada desde la Academia, que hizo que considerara a México la “ciudad de los palacios”, pues antes de la independencia era la primera ciudad de América y una de las más bellas del mundo: “Las rentas de la Academia de las Bellas Artes de México son de 24,500 pesos, de los que el gobierno da 12,000, el cuerpo de mineros mexi­canos cerca de 5,000 y el consulado, o junta de los comerciantes de la ciudad, más de 3,000. No se puede negar el influjo que ha tenido este establecimiento en formar el gusto de la nación;... Son muchos los buenos edificios que en el día hay en México, y aun en las ciudades de provincia, como Guanajuato y Querétaro. Son monumentos que… podrían figurar muy bien en las me­jores calles de París, Berlín y Petersburgo. El seĖor Tolsá, profesor de escultura en México, ha llegado a fundir allí mismo una estatua ecuestre de Carlos IV. Y es obra que, exceptuando el Marco Aurelio de Roma, excede en primor y pureza de estilo cuanto nos ha quedado de este género en Europa”, de un tamaĖo colosal para destacar en el centro del Zócalo[48].

También destaca el testimonio de Alexander von Humboldt sobre la acertada política de educación ilustrada desarrollada en América, en la que la formación clásica era un pilar fundamental. Su alabanza sobre el funcionamiento de la Academia de San Carlos es especialmente válida por venir de un espíritu ilustrado rusoniano, en apariencia tan contrario a la tradición espaĖola, que, además, era hermano de Wilhelm, el gran reformador de la enseĖaza alemana[49]: “La enseĖanza que se da en la Academia es gratuita, y no se limita al dibujo del paisaje y figura…, la Academia trabaja con fruto en propagar entre los artistas el gusto de la elegancia y belleza de las formas. Todas las noches se reúnen en grandes salas, muy bien iluminadas con lámparas de Argand, centenares de jóvenes, de los cuales unos dibujan al yeso o al natural, mientras otros copian diseĖos de muebles, candelabros u otros adornos de bronce. En esta reunión (cosa bien notable en un país en que tan inveteradas son las preocupaciones de la nobleza contra las castas) se hallan confundidas las clases, los colores y razas; allí se ve el indio o mestizo al lado del blanco, el hijo del pobre artesano entrando en concurrencia con los de los principales seĖores del país. Consuela, ciertamente, observar que bajo todas las zonas el cultivo de las ciencias y artes establece una cierta igualdad entre los hombres y les hace olvidar, a lo menos por algún tiempo, esas miserables pasiones que tantas trabas ponen a la felicidad social”[50].

Esta visión de Humboldt permite comprender cómo en el siglo XVIII la Corona de EspaĖa desarrolló una política ilustrada que no era fruto de la voluntad de un monarca ni de la dinastía de los Borbones, sino que constituía una política de estado de gran alcance, dirigida al desarrollo económico y social, cuyo interés por la Antigüedad y la Historia eran consecuencia de una ideología que pretendía equiparar la Corona de EspaĖa al Imperio Romano como imperio universal, garante de la paz y la cultura[51]. Alexander von Humboldt no llegó a apreciar esta política ni su profundo significado, aunque sí sus resultados, pues había contribuido de forma decisiva a impulsar el desarrollo económico y la aparición del Neoclasicismo, poco antes de que EspaĖa, con la Invasión Napoleónica, perdiera definitivamente el puesto de potencia cultural que hasta entonces había mantenido.

Alejandro dedicó su Ensayo político “a la Majestad Católica Carlos IV, Rey de EspaĖa y de las Indias” y se abstuvo de criticar en México la política social de castas. Sólo al final del libro, ya escrito en Alemania, ofrece su crítica visión de la sociedad criolla: “el bienestar de los blancos está íntimamente enlazado con el de la raza bronceada, y que no puede existir felicidad duradera en ambas Américas hasta que esta raza, humillada pero no envilecida en medio de su larga opresión, llegue a participar de todos los beneficios que son consiguientes a los progresos de la civilización y de las mejoras del orden social”[52].

En su viaje por EspaĖa y América Alexander mantuvo contactos con numerosas personalidades, desde políticos y estadistas a banqueros, científicos e historiadores, a alguno de los cuales critica con razón, como la dilapidada fortuna del conde de la Valenciana, “hombre extraordinario, que había llegado a América sin fortuna ninguna, y que siempre vivió con grande moderación, no dejó a su muerte, fuera de su mina que es la más rica del mundo, sino unos dos millones de pesos fuertes entre fincas y capitales”.

Humboldt empleó su herencia en publicar su obra y en pagar a dibujantes y grabadores de las láminas de plantas y animales, códices, mapas y monumentos arqueológicos que ilustran sus libros. Su estudio sobre las altas culturas americanas refleja cierto difusionismo, al suponerlas llegas de Asia, asociado a un cierto evolucionismo, pues seĖala convergencias entre diferentes pueblos no explicables por la difusión cultural. Como romántico, asocia a su carácter científico el placer de saber gozar de la Naturaleza y, al analizar la sociedad, su postura es clasicocéntrica, a pesar de defender el carácter de civilizaciones avanzadas para algunas culturas prehispánicas, lo que contrasta con la visión de los anticuarios novohispanos, que valoraban mejor los restos prehispánicos, que pensaban integrar en la Academia. En su Ensayo político sobre Nueva EspaĖa Humboldt recoge la idea de que “sería una cosa muy curiosa colocar (en la Academia de San Carlos) estos monumentos… de un pueblo semibárbaro habitante de los Andes mexicanos, al lado de las bellas formas nacidas bajo el cielo de Grecia y de Italia”[53]. Además, su apertura de espíritu y el conocimiento directo de las fuentes y de la bibliografía espaĖola supuso una profunda revisión cultural e histórica de la obra de EspaĖa en América en la Europa de su época, en la que defendió figuras como la de Colón como navegante y explorador, cuando la historiografía de la “Ilustración”, influida por la Leyenda Negra, lo denigraba.

Su trabajo abrió un nuevo método científico comparativo en el análisis de las culturas americanas al comparar las civilizaciones del viejo y del nuevo mundo basándose en un “empirismo razonado”[54]. Su método científico pretendía integrar los hechos en una síntesis teórica objetiva, utilizando instrumentos científicos y cálculos matemáticos, sistema tomado de las ciencias naturales que aplicó al estudio de las culturas. Su espíritu científico apoyado en la razón buscaba las leyes de la naturaleza y de la sociedad, con la creencia de que ciencia, ética y estética forman un todo. Por ello, Humboldt fue un humanista ilustrado con profundo sentido de servicio a la sociedad humana, cuya ideología democrática, próxima al romanticismo inicial, interculturalidad e interdisciplinaridad representan la Humboldtian science, a lo que aĖadía su capacidad de difusión de sus conocimientos por todo el mundo, gracias a sus publicaciones y cartas, que suponen un enorme esfuerzo personal, pero hacen que su persona sea tan moderna.

En resumen, Alexander von Humboldt, tras su el viaje a la América hispana, ofreció a la ciencia europea una gran síntesis sobre el Nuevo Mundo, que representa el nacimiento del conocimiento enciclopédico moderno de la tierra y el hombre asociado al impulso dado a campos especializados, como Geografía, Geología, Botánica, Antropología e Historia.

A los pocos meses de pasar por EspaĖa Alexander vino su hermano Wilhelm, cuyas relaciones con la cultura espaĖola no son menos interesantes y profundas[55], pues, como lingüista[56], se sintió atraído por la lengua vasca, su gente y su cultura[57]. El vasco despertó su inclinación a estudiar la lengua como alma de los pueblos y le sirvió para fundamentar sus estudios lingüísticos iniciales, aunque también difundió por toda Europa la errónea tesis del vasco-iberismo, idea procedente de su creencia de que el euskera es la lengua más antigua de Europa.

La personalidad de Wilhelm von Humboldt es bien conocida[58], lo mismo que su obra[59], su interés por la teoría política, su eficaz paso por la diplomacia y sobre todo, por su reforma de la educación y como promotor y fundador en 1809 de la Berliner Universität, hoy denominada Humboldt Universität en su honor[60].

Wilhelm orientó sus estudios humanísticos hacia la lingüística como ciencia positiva, pues consideraba que las lenguas permiten conocer el pensamiento humano[61], visión dirigida al conocimiento filosófico absoluto del hombre,[] basado en el ideal griego. Dominaba desde joven el latín, griego y francés, que hablaba con fluidez, y aprendió inglés, espaĖol, vasco, que tanto le atrajo inicialmente, húngaro, checo y lituano y estudió sánscrito, copto, egipcio, chino, japonés, austronesio[62] y lenguas indígenas de América[63], gracias a la información proporcionada por su hermano Alexander y por sus contactos en Roma con el ex-jesuita espaĖol Hervás y Panduro[64]. Desde muy joven sintió auténtica vocación por las lenguas y, al abandonar la actividad pública a los 51 aĖos, en su Palacio de Tegel se dedicó a pensar y estudiar atraído en especial por la filosofía lingüística.

 []Como es bien sabido, Wilhelm von Humboldt inició sus estudios de Derecho en la Universidad de Frankfurt am Oder, pero en 1788 pasó a estudiar Filosofía, Historia y lenguas antiguas en Göttingen, donde conoció a Friedrich Schiller y Johann Wolfgang von Goethe, con quienes mantuvo una profunda y mutua relación. En 1789 viajó a París y visitó la Asamblea Nacional, pues sentía simpatía hacia las ideas revolucionarias y republicanas, como su hermano Alexander.

Al acabar sus estudios, entró en el servicio diplomático y se casó con Caroline von Dacheröden en 1791. Pasó a vivir en París en 1799 y desde allí, con su mujer, sus tres hijos y su amigo el pintor Gropius realiza un primer viaje por EspaĖa de septiembre de 1799 a abril de 1800, probablemente como sustitución del Bildungreise hacia Italia, que era la meta de la Ilustración alemana, pues las campaĖas napoleónicas lo impedían. Además, la Universidad de Göttingen se interesaba por la literatura y la cultura espaĖolas, lo que pudo impulsarle, quizás animado por el propio Goethe y el Círculo de Weimar, a viajar a EspaĖa[65]. Como le comentó Hergen en Madrid, “EspaĖa es muy desconocida, y en el extranjero se tiene falsas ideas respecto a ella”[66].

Tras atravesar la frontera por Irún y visitar el País Vasco, que le causó profunda impresión, pasó por Burgos, Valladolid y Segovia y llegó a Madrid, donde permaneció casi dos meses y donde se dedicó más a entrevistarse con gente a la que había sido recomendado que a ver monumentos, pues ni siquiera cita el Palacio Real, pero sí El Escorial y La Granja y Aranjuez. Visitó después las ciudades más importantes de Andalucía, continuó por Murcia y Alicante rumbo a Valencia y llegó a Barcelona, para regresar por PerpiĖán a París, adonde llegó en abril de 1800, recorrido que relata en su Diario de Viaje a EspaĖa (1799-1800)[67].

De vuelta a París, estudió cuantas descripciones y gramáticas encontró sobre lengua vasca y, de abril a junio de 1801, a los 33 aĖos, viajó de nuevo al País Vasco acompaĖado por un comerciante alemán amigo suyo, Georg Wilhelm Bockelmann, que iba de negocios a Cádiz. En esta estancia, para estudiar la lengua y la cultura vascas, consultó todas las obras que llegaron a sus manos sobre los vascos, adquirió libros, copió manuscritos y entró en contacto con los principales eruditos locales que estudiaban el vasco, en especial con Juan Antonio Moguel y Pedro de Astarloa[68], a los que cita en sus Berichtigungen. Pero también se interesó por Juan Sebastián Elcano y su primer viaje de circunvalación del mundo, por la epopeya de los balleneros vascos en Terranova, la organización política y económica del País Vasco, sus minas de hierro, bailes, hospitales y orfanatos. Ya en Roma, en 1805, hizo un relato de su viaje, inédito hasta 1920[69], que debía convertirse en una monografía sobre los vascos, con una gramática, un diccionario y un tratado sobre el origen de la lengua y de la nación vasca[70].

Wilhelm adoptó la idea de la antigüedad de la lengua vasca, que procede de las historias eruditas creadas por los humanistas espaĖoles del Renacimiento, que adaptaban la Biblia a las fuentes clásicas para resaltar la antigüedad e importancia de la patria. Juan de Mariana (1536-1623) ya recoge que “Túbal, hijo de Jafet (y nieto de Noé), fue el primer hombre que vino a EspaĖa”[71], superchería creada por el dominico italiano ‘Annio de Viterbo’ en 1498[72], quien, para alagar a los Reyes Católicos, inventó una genealogía mítica de los reyes de EspaĖa que remontaba hasta Túbal, nieto de Noé, que tuvo gran éxito hasta la crítica ilustrada del siglo XVIII, impulsada desde la Real Academia de la Historia[73].

Esta superchería fue recogida por los primeros historiadores del País Vasco, que resaltaban sus orígenes para defender sus fueros y privilegios, como Juan Martínez de Zaldibia (†1578)[74] y Esteban de Garibay (1571)[75], para quienes la lengua vasca era la lengua más antigua existente, pues era una de las 72 surgidas en la confusión de lenguas en la Torre de Babel, que fue traída por Túbal al poblar Iberia después del diluvio. Antonio de Poza en 1587 pretendió demostrar con la toponimia que esa lengua traída por Túbal se habría hablado por toda la Península Ibérica antes de los romanos, lo que dio inicio al vasco-iberismo[76], pues, según esa tesis, la lengua ibérica traída por Túbal y la lengua vasca eran la misma. En efecto, Larramendi, Astarloa, Erro y otros estudiosos iniciales de la lengua vasca[77] defendían la existencia de topónimos vascos por toda EspaĖa que probaban que el vasco era la antigua lengua común de sus habitantes y con el vasco leían e interpretaban las inscripciones prerromanas, verdaderas o falsas, incluso antes del desciframiento de la escritura ibérica a inicios del siglo XX, pues, según Astarloa, en vasco cada sílaba y letra tenían sentido propio, creencia que utilizaban para traducir cualquier inscripción o topónimo sin método alguno[78], como todavía hacen algunos aficionados. Esta visión de que el vasco era la lengua más primitiva del mundo es un ejemplo de “goropianismo”, término tomado del humanista holandés Goropius Becanus, quien en 1572 consideró que todas las lenguas descendían del Holandés[79], visión  semejante a la del irlandés James Parson en el siglo XVIII, que consideraba que todas las lenguas descendían del Irlandés[80].

La misma postura ideológica mantuvo en el siglo XVIII el jesuita Manuel de Larramendi, considerado el primer estudioso de la lengua vasca, en su obra De la antigüedad y universalidad del Bascuence en EspaĖa (1728), y en el Prefacio de su Diccionario trilingüe castellano, bascuence y latín (1745)[81]. También posturas vasco-iberistas mantenían Pedro Pablo de Astarloa (1752-1806), que publicó en 1804 sus Reflexiones filosóficas en defensa de la lengua vascongada o J. B. Erro, cuya obra Alfabeto de la lengua primitiva de EspaĖa (1806) se tradujo al Francés e Inglés, lo que evidencia el interés suscitado, aunque defendía que el vasco era la lengua más antigua del universo por ser la originaria del Paraíso e incluso llegó a escribir que el origen del alfabeto griego estaba en Euskadi[82]. Y, aunque con más rigor y conocimientos, las mismas ideas defendía el políglota Hervás y Panduro en su Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas (1804), con quien tuvo estrecho contacto Humboldt durante su estancia en Roma[83].

Los eruditos vascos despreciaron las críticas del vasco-iberismo de los historiadores ilustrados, como Gregorio Mayans y el P. Flórez, o las de miembros de la Real Academia de la Historia, como J. Tragia y José Antonio Conde. Mayans, una de las mentes más preclaras de la Ilustración espaĖola, al que el propio Larramendi considera como autoridad, pero a quien no llegó a conocer Wilhelm von Humboldt, ironizó sobre una inscripción vasca en un alfabeto desconocido publicada por Larramendi, y José Antonio Conde, Anticuario de la Real Academia de la Historia, que sabía latín, griego, hebreo, árabe, persa y turco, en su Censura crítica de la pretendida excelencia y antigüedad del vascuence, publicada en 1804, ironizaba sobre los que, sin conocimientos lingüísticos, afirmaban que la lengua vasca era la más antigua del mundo[84].

Este era el ambiente intelectual del País Vasco que conoció Wilhelm von Humboldt. Sin embargo, a pesar de su profunda formación, quizás influido por sus ideas románticas y fascinado por la lengua vasca, que consideró una de las más perfectas por su estructura y fuerza expresiva[85], desconoció las críticas de los ilustrados espaĖoles, con los que no parece haber tenido interés en entrar en contacto ni cita sus obras, ignoró la polémica y adoptó las tesis goropianistas del vasco-iberismo de los eruditos vascos[86], aunque abandonó el “tubalismo” pues buscó apoyarse en el carácter primitivo de la lengua vasca.

Sus ideas se plasmaron básicamente en dos obras. Entre 1807 y 1811 redactó su primer trabajo sobre la lengua vasca, las Berichtigungen und Zusätze zum ersten Abschnitt des zweiten Bandes des Mithridates über die cantabrische oder baskische Sprache[87]. Estas “correcciones y adiciones”, editadas en 1817, mejoraban la descripción del vascuence en el Mithridates, gran enciclopedia lingüística fundada por J. Chr. Adelung, y ofrecían un breve diccionario y un primer esbozo de gramática.

En 1821 publica Prüfung der Untersuchungen über die Urbewohner Hispaniens vermittelst der Vaskischen Sprache (“Examen del estudio sobre los primitivos habitantes de Hispania a través de la lengua vasca”)[88]. Este estudio fundamental, que consta de 50 apartados, representa uno de los primeros ensayos en lingüística histórica a partir del análisis de la lengua vasca y ofrece la primera reconstrucción científica de los pueblos prerromanos de la Península Ibérica por medio de su historia lingüística. Sin embargo, en esta obra Humboldt adoptó el vasco-iberismo de los eruditos vascos, pues defiende que "el euskera es la lengua más antigua de Europa" y que “los antiguos iberos eran vascos que hablaban el idioma actual o uno análogo y que habitaban todas las regiones de EspaĖa” antes de las invasiones de celtas y romanos, de acuerdo con las interpretaciones “invasionistas” de la época, tesis que creyó confirmar con los topónimos de montaĖas, ríos, valles y con los apellidos o gentilicios familiares. 

Su auctoritas difundió el “vascoiberismo” como axioma científico por toda Europa, lo que ha repercutido negativamente al retrasar más de un siglo el avance de estos estudios y al mantener que en la Hispania prerromana sólo se hablaba la lengua ibérica, de la que procedía el vasco, lengua que se debía utilizar para leer las inscripciones prerromanas. Este vasco-iberismo de Humboldt puede explicar el escaso eco que su obra tuvo en EspaĖa desde el siglo XIX[89], ya que en nuestro país existían mentes críticas que no aceptaban el vasco-iberismo, excepto en el País Vasco, donde se cultivaba por coincidir con su ideología. En esta línea, frente a la tradición erudita de la ilustración espaĖola, que ya había valorado la epigrafía celtibérica, como el Marqués de Valdeflores en el siglo XVIII[90] y como demostró Fidel Fita a fines del XIX[91], los estudiosos alemanes del siglo XIX siguieron a Humboldt, como Emil Hübner (1834-1901)[92], que apenas valora la lengua y epigrafía celta, y el lingüista Hugo Schuchardt[93], que aceptó sin discusión que el vasco era la clave para interpretar las inscripciones ibéricas.

Al descifrar Manuel Gómez Moreno la escritura ibérica en 1922[94], se confirmó que en la Península Ibérica existían numerosos topónimos y antropónimos celtas, con la consiguiente valoración de la importancia de la lengua celta en la Hispania prerromana, lo que condujo al rechazo definitivo del vasco-iberismo en los estudios lingüísticos posteriores[95].

Pero las teorías vasco-iberistas también pasaron a la Prehistoria del País Vasco, influida por el ideario nacionalista[96], según el cual los vascos serían fósiles de una raza prearia que habitaba en el País Vasco desde el Paleolítico, idea que se generalizó en la sociedad[97] y que se ha mantenido hasta los primeros estudios de Paleogenética basadas en el ADN[98], aunque las investigaciones posteriores han obligado a rechazar dicha teoría[99]. Además, como ya observó Wilhelm von Humboldt y comprobaron en el siglo XIX F. Fita, H. d’Arbois de Joubainville y J. Costa[100], todo el centro, el occidente y el norte de Hispania estuvieron habitadas por celtas, incluido el propio País Vasco, ya que las áreas originarias de la lengua vasca se reducen a las áreas pirenaicas y a la Aquitania, como confirma la onomástica y la toponimia[101].

A pesar de propugnar la tesis vasco-iberista, Humboldt metodológicamente fue un gran innovador en sus análisis lingüísticos de la Península Ibérica en la Antigüedad, pues fue el primero que reconoció la complejidad lingüística de la Hispania prerromana. Al estudiar los prefijos y sufijos, rechazó que los topónimos en -briga fueran vascos, como se había creido hasta entonces, pues los relacionó acertadamente con los celtas de las fuentes escritas, aunque esta tesis sólo fue aceptada de forma definitiva un siglo después, al publicar d'Arbois de Jouvainville Les celtes en Espagne en 1893[102]. De este modo, identificó en Hispania dos áreas lingüísticas, una ibérica y otra celta, aunque ésta la atribuyó a una invasión posterior. Humboldt seĖala cómo “se puede trazar una línea ... que empieza en la costa Norte del Océano en el límite de los autrigones, que quedan a poniente, baja hacia el Sur... hasta alcanzar la frontera primero de los celtíberos, luego de los oretanos y por último el Baetis hasta el mar” y aĖadíala división de toda la Península en dos partes conexionadas de tal manera que se separan en parte por ríos, el Iberus y el Baetis y en parte por la cadena de montaĖas de la Idubeda (el Sistema Ibérico), es tan chocante, que se ha de admirar que nadie hasta hoy haya prestado atención a ello”[103]. Al reconocer de esta modo dos áreas lingüísticas en la Hispania prerromana, se adelantó 150 aĖos al mapa de topónimos en -briga publicado por Jürgen Untermann en 1961, que separa la Hispania celta de la ibérica con la llamada “línea Untermann”, “que… va desde la desembocadura del Guadiana por Sierra Morena y por la Mancha hasta... Segorbe, junto al Mediterráneo, gira después por Aragón y, atravesando el curso superior del Ebro, alcanza la costa cantábrica”[104].

Humboldt también llamó la atención sobre la necesidad de estudiar los epígrafes como documento esencial para los estudios lingüísticos, pues intuía que estarían escritos en lenguas diferentes, como vasco, púnico y celta[105]. La necesidad de estudiar las lenguas prerromanas a través de los epígrafes le llevaría a decir: “Si algún día este estudio ha de conducir a resultados seguros, debe empezar por rebuscar de nuevo los monumentos, en su mayor parte monedas, en las colecciones,...; ordenar luego las inscripciones según las localidades, y establecer una lista exacta y completa de las letras y signos, que en ellas se presentan. Sólo después de esto puede fijarse un alfabeto completo”[106]. Estos trabajos, realizados a lo largo del siglo XIX[107], son los que permitieron a Gómez Moreno descifrar la escritura ibérica en 1922.

En resumen, los estudios de Wilhelm von Humboldt sobre la lengua vasca representan una aportación fundamental en su época, por su calidad y metodología, pero su famosa tesis del vascoiberismo ha tenido más resonancia que acierto, hasta que en el siglo XX los avances en Arqueología[108], Lingüística[109] y Paleogenética[110] han rechazado este mito científico de origen goropianista[111].

Los contactos de Wilhelm von Humboldt con EspaĖa y con su cultura y sus gentes no se limitaron a la lingüística. Wilhelm vino como un erudito, pero, a la vez, era un viajero romántico, posturas que determinaron sus impresiones sobre nuestro país. Como guías de viaje usaba a R. Twiss[112] y a Plüer[113] y para conocer la historia y los monumentos, La EspaĖa Sagrada del P. Flórez y el Viaje de EspaĖa de Antonio Ponz[114]. Resultan interesantes sus contactos con diversos personajes que cita en su Diario, en su mayoría logrados a través de amigos comunes de la alta sociedad, como Bethencourt, Vicente Blasco, Antonio de Capmany, Secretario de la Real Academia de la Historia al que considera un hombre envejecido “que no me pareció muy importante”, Cavanilles, Cienfuegos, Clavijo, el Marqués de la Colonilla, Iriarte, el Marqués de Iranda, Jáuregui, Jovellanos, Moratín, Lugo, Proust, Quintana, Urquijo, Vargas Ponce, etc.[115], además de diplomáticos extranjeros y muchos de los alemanes residentes en EspaĖa.

En su viaje prestaba exagerada atención a la fisionomía de la gente, que por lo general encuentra ruda, ya que se sentía en un país extraĖo, casi exótico, postura más propia de un viajero romántico que de un etnólogo, pero se interesa por todos los aspectos de la vida y la cultura espaĖolas: gente, clero, militares, bandoleros, fiestas, finanzas, la enseĖanza y la universidad, cuya crisis recoge, la Inquisición, etc., hasta los diversos cultivos y la cría de caballos y mulos o la colombofilia, y también hace referencia a la miseria existente, fruto del mal gobierno que toleraba y vivía de la corrupción, pues seĖala cómo todos los funcionarios aceptaban regalos.

En especial, se interesaba por las colecciones de arte y las bibliotecas, como la Biblioteca Real y las de los duques de Osuna, de Alba y del Infantado, pero su valoración de monumentos tan espaĖoles como la Catedral de Toledo o la Mezquita de Córdoba es subjetiva y pobre e incluso superficial, pues no entendió el estilo de los monumentos espaĖoles, a los que atribuye cierto maurische Geschmack[116]. Alguno, como el teatro de Sagunto, lo visitó con más interés, seguramente por ser un edificio clásico y por ir acompaĖado de Enrique Palos y Navarro, de quien indica que “ha salvado esas ruinas romanas y, sobre todo, el teatro. En 1875 ha sido él, a la sazón regidor, el que propició que se restaurase y se hayan dado representaciones teatrales… poniendo mucho dinero de su bolsillo”[117]. Al monumento dedica unos párrafos de su Viaje por EspaĖa y lo analizó con más detalle en 1804[118], para lo que utilizó la Epístola del Deán Martí[119] y la Disertación de Palos[120], con críticas a ambos, como también a los que siguen ciegamente a Vitrubio, pero él consideró el teatro saguntino erróneamente de origen griego y tampoco ofrece ilustraciones ni medidas, que publicó Ortiz y Sanz poco después[121].

En general, su Diario de Viaje desprende una imagen de EspaĖa bastante negativa. No le gustó Castilla, ni la gastronomía ni el folclore, refiere la miseria y corrupción existentes y llama la atención sobre la animosidad entre vascos contra castellanos, de estos contra los andaluces, etc. Sin embargo, esas impresiones negativas se fueron suavizando y también supo apreciar aspectos positivos, como el vivo sentimiento de la religiosidad popular y la vitalidad y autenticidad de las fiestas, como las corridas de toros. Por ello, causa cierta perplejidad cuando, al acabar su viaje, expresa: “Miro atrás hacia EspaĖa con un sentimiento especial. Es un país maravilloso cuyos habitantes siempre amaré” [122].



[1] M. A. Puig-Samper, 2012, “Humboldt, Alexander von”, Diccionario Biográfico EspaĖol, XXVI, pp. 491-498, con bibliografía actualizada. Sobre su viaje por EspaĖa, Id., 1999, “Humboldt, un prusiano en la Corte del rey Carlos IV”, Revista de Indias, Madrid, LIX, núm. 216, 329-355; Id., 2007, “Alejandro de Humboldt y EspaĖa: La preparación de su viaje americano y sus vínculos con la ciencia espaĖola”, Humboldt im Netz, Berlin y Potsdam, VIII, 15; M. A. Puig-Samper y S. Rebok, Sentir y medir. Alexander von Humboldt en EspaĖa, Madrid, 2007.

[2] C. Minguet, 1985, Alejandro de Humboldt: Historiador y geógrafo de la América espaĖola (1799-1804), México, I, p. 110.

[3] Th. Gages, A New Survey of the West Indies, London, 1648; G. F. Gemelli Carreri, Giro del mondo del dottore D. Gio. Francesco Gemelli Carreri, Napoli, 1699-1700.

[4] A. Matilla Tascón, 1987, Historia de las minas de Almadén, II, Madrid, pp. 270-282 y 140-148; M. A. Puig Semper y S. Rebok, 2007: Sentir y medir. Alexander von Humboldt en EspaĖa, Aranjuez, pp. 92-95. Para los hermanos Heuland, véase Diccionario Biográfico EspaĖol, XXVI, 2011, pp. 205-208; para Herrgen, id., pp. 194-196.

[5] El Archivo Histórico Nacional conserva una interesante Noticia sobre la vida literaria de Mr. de Humbold [sic], comunicada por él mismo al Barón de Forell, que debe ser una biografía personal redactada en 1799 para Mariano Luis de Urquijo, dentro de sus gestiones para viajar a América; cf. K. Bruhns, 1969 (1872), Alexander von Humboldt. Eine wissenschaftliche Biographie, Osnabrück, I, 272; A. Melón y Ruiz de Gordejuela, 1960, Alejandro de Humboldt. Vida y Obra, Madrid, 1960, pp. 48-49; Minguet, 1985, op. cit. n. 2, I, p. 66.

[6] A. von Humboldt, 1845-1862, Kosmos, Stuttgart y Tübingen, 5 ts. Puede verse la reciente edición e introducción de S. Rebok, A. von Humboldt, 2011, Cosmos. Ensayo de una descripción física del mundo, Madrid.

[7] A. de Beraza, Elogio de don Mariano Luis de Urquijo, Ministro Secretario de Estado de EspaĖa, París, 1820; A. Romero PeĖa, ed., Mariano Luis de Urquijo, Apuntes para la memoria sobre mi vida política, persecuciones y trabajos padecidos en ella, LogroĖo, 2010; id., Reformar y gobernar. Una biografía política de Mariano Luis e Urquijo, LogroĖo, 2013; Diccionario Biográfico EspaĖol, XLVII, 2013, pp. 742-744.

[8] J. Maier, “La Corona y la institucionalización de la arqueología en EspaĖa” en M. Almagro-Gorbea y J. Maier (eds.), De Pompeya al Nuevo Mundo: la Corona espaĖola y la Arqueología en el siglo XVIII, Madrid, 2012, 332-360.

[9] Urquijo siguió en contacto personal con Humboldt, pues en 1816 le escribió interesándose por sus trabajos..

[10] J. Miranda, Humboldt y México, México, 1995, p. 98; A. Melon, op. cit. n. 5, p.48.

[11] A. de Humboldt y A. Bonpland, 1991, Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, Caracas, 1, p. 54.

[12] Véase Diccionario Biográfico EspaĖol, IV, 2010, pp. 704-744. A. Julián, “Documento. El marqués de Iranda, su importancia económica, política y social, y sus redes familiares. Relación con la colonia espaĖola de Santo Domingo. Propiedades rurales y urbanas”, Clio, 184, 1981, pp. 253-288.

[13] La mejor descripción de este viaje por América acompaĖado de Bonpland se conserva en la American Philosophical Society de Filadelfia.

[14] M. N. Bourguet, 2003, “El mundo visto desde lo alto del Teide: Alexander von Humboldt en Tenerife”, J. Montesinos, J. OrdoĖez y S. Toledo, eds., Ciencia y Romanticismo. La Orotava, 279-302.

[15] A. von Humboldt, Essai politique sur l’ile de Cuba, París, 1826 (trad. Ensayo político sobre la isla de Cuba, París, 1827 y Ensayo político sobre la Isla de Cuba, Aranjuez, 1998).

[16] A. von Humboldt, Essai sur la Géographie des plantes, accompagné d’un tableau physique des régions equinocciales, Paris, 1807.

[17] A. von Humboldt, Essai politique sur le Royaume de la Nouvelle Espagne, París, 1808-1811 (trad. de V. González Arnao, Ensayo político sobre el Reino de la Nueva EspaĖa2, París, 1827; Ensayo político sobre el reino de la Nueva EspaĖa. México, 2002); id., Atlas géographique et physique du Royaume de la Nouvelle Espagne, París, 1808-1812; id., Tablas geográfico-políticas del Reino de Nueva EspaĖa que manifiestan su superficie, población, agricultura, fábricas, comercio, minas, rentas y fuerza militar, México, 1822.

[18] A. von Humboldt, Vues des CordillŹres et Monuments des Peuples indigŹnes de l’Amérique, Paris, 1810-1813 (trad. de B. Giner, Sitios de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América, Madrid, 1878 y edición con introducción de Miguel Ángel Puig-Samper y Sandra Rebok, Vistas de las Cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América, Madrid, 2010.

[19] A. von Humboldt, Examen critique de l’histoire de la Géographie du Nouveau Continent et des progrŹs de l`astronomie nautique aux QuinziŹme et SeiziŹme siŹcles, Paris, 1836-1839.

[20] A. von Humboldt, 2011, op. cit., n. 4.

[21] Diccionario Biográfico EspaĖol, XXXVII, 2012, pp. 54-57.

[22] C. Manso, “La colección cartográfica de América de Alexander von Humboldt conservada en la Real Academia de la Historia”, Boletín de la Real Academia de la Historia, 205,3, 2008, pp. 537-589.

[23] A. von Humboldt, 1992, Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Caracas, p. 14.

[24] A. Gerbi, 1978, La naturaleza de las Indias Nuevas. De Cristóbal Colón a Gonzalo Fernández de Oviedo. México.

[25] Destaca la influencia de José de Acosta; cf. S. Rebok, 2005, “Alejandro de Humboldt y el modelo interpretativo de José de Acosta”, en J. J. SaldaĖa, ed., Science and Cultural Diversity. Proceedings of the XXIst International Congress of History of Science, México, 2001 (publicado en CD); id., 2009, Una doble mirada. Alexander von Humboldt y EspaĖa en el siglo XX, Madrid, pp. 97-109.

[26] Carta del 3.1.1810, Humboldt a Johann Wolfgang von Goethe.

[27] A. von Humboldt, 2010, op. cit. n. 18, p. 53.

[28] M. Almagro-Gorbea, 2012, “Carlos III y Pompeya en la Historia de la Arqueología”, en M. Almagro-Gorbea, ed., Pompeya, catástrofe bajo el Vesubio, Madrid, pp. 342-351.

[29] M. Almagro-Gorbea y J. Maier, eds., 2013, De Pompeya al Nuevo Mundo. La Corona EspaĖola y la Arqueología en el siglo XVIII (Antiquaria Hispánica 23), Madrid.

[30] Diccionario Biográfico EspaĖol, XXIX, 2012, pp. 437-439.

[31] J. Alcina Franch, 1995, Arqueólogos o Anticuarios. Historia antigua de la Arqueología en la América EspaĖola, Barcelona, pp. 125-131; J. Labastida, 1971, “Las aportaciones de Humboldt a la antropología mexicana”, Revista de la Universidad de México, pp. 9-15; id., 1995, en “Introducción” de la edición de Vistas de las Cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América de Alexander von Humboldt, México, pp. 19-71.

[32] J. A. Alzate y Ramírez, Suplemento a la Gazeta de Literatura. Descripcion de las antiguedades de Xochicalco....Mexico, 1791.

[33] P. J. de Márquez, Sobre lo bello en general y dos monumentos de arquitectura mexicana. Tajín y Xochicalco, México, 1972.

[34] A. Castro Leal, 1961, Alejandro de Humboldt y el arte prehispánico, México.

[35] J. Labastida, op. cit. n. 31; H. von Kügelgen, 2009, “Klassizismus und vergleichendes Sehen in den Vues des CordillŹres”, Humboldt im Netz, Berlin y Potsdam, X, 19.

[36] J. Arias de Greiff, 2001, “Humboldts Begegnung mit der Wissenschaft im spanischen Amerika: Transfer in zwei Richtungen”, en O. Ette, U. Hermanns, B. M. Scherer y Chr. Suckow, eds., Alexander von Humboldt. Aufbruch in die Moderne, Berlin, pp. 169-178.

[37] J. Arias de Greiff, op. cit. n. 36, pp. 46-47.

[38] Carta del 8 de noviembre de 1803 a Manuel Espinosa y Tello, hermano del Director del Depósito Hidrográfico; cf. U. Moheit, ed., 1993: Humboldt. Briefe aus Amerika. 1799-1804, Berlin, p. 253..

[39] J. Arias de Greiff, 1985, “La expedición Fidalgo”, en J. L. Peset, ed., La ciencia moderna y el Nuevo Mundo. Madrid, pp. 251-261; M. Faak, ed., 1982, Lateinamerika am Vorabend der Unabhängigkeitsrevolution. Eine Anthologie von Impressionen und Urteilen aus den Reisetagebüchern, vol. 5, Berlin, p. 5.

[40] Sh. Ichikawa, “Alejandro de Humboldt y la Nueva EspaĖa”, 2009 (en la red, 15.6.2014).

[41] A. von Humboldt, 2002, op, cit. n. 17, p. 79.

[42] A. von Humboldt, 2002, op, cit. n. 17, p. 80.

[43] B. Ribas, ed., Jose Celestino Mutis en el bicentenario de su fallecimiento (1808-2008), Madrid.

[44] L. de Azcona et al., eds., Biografías Mineras. 1492-1892, Madrid, pp. 151-186.

[45] C. Prieto et al., 1966, Andrés Manuel del Río y su obra científica. Segundo centenario de su natalicio, 1764-1964, México.

[46] J. Sesmero, 1987, Los Gálvez de Macharaviaya, Málaga; J. M. Villalpando, 2001, El Virrey, México; Diccionario Biográfico EspaĖol, XXI, 2012, pp. 263-266.

[47] A. von Humboldt,  1808-1812, op. cit. n. 17.

[48] Para Tolsá, Diccionario Biográfico EspaĖol, XLVIII, 2013, pp. 17-19. Para “El Caballito”, M. Almagro-Gorbea, “Medalla de la estatua ecuestre de Carlos IV en México, conocida como ‘El Caballito’”, Corona y Arqueología en el Siglo de las Luces. Madrid, 2010, pp. 420-421

[49] Vid. infra.

[50] A. von Humboldt, 2002, op, cit. n. 17, p. 80.Es interesante comparar estas palabras con las de su hermano Wilhelm a Georg Forster en su viaje al París revolucionario en 1789: “Se acerca la hora en que la gente apreciará la valía de un hombre, no por el rango que tenga o por su cuna o por la causalidad, ni por su poder o riqueza, sino sólo por su virtud y sabiduría”.

[51] M. Almagro-Gorbea y J. Maier, eds., De Pompeya al Nuevo Mundo, Madrid, 2013.

[52] A. de Humboldt, 1827, op, cit. n. 17, p. 566.

[53] A. von Humboldt, 2002, op, cit. n. 17.

[54] P. Kirchhoff, “La aportación de Humboldt al estudio de las antiguas civilizaciones americanas. Un modelo y un programa”, Ensayos sobre Humboldt, México, pp. 89-103; J. Labastida, 1995, op. cit. n. 31, p. 30.

[55] La principal obra de W. von Humboldt sobre EspaĖa es: Ankündigung einer Schrift über die vaskischen Sprache und Nation nebst Angabe des Gesichtspunktes und Inhalts derselben, Deutsches Museum, II, 1812, pp. 485s. (GS 3, pp. 288-299); Berichtungen und Zusätze zum ersten Abschnitte des zweyten Bandes des Adelungs Mithridates über die Cantabrische oder Baskische Sprache, Berlin, 1817 (trad. de J. Gárate, Correcciones y adiciones al Mithridates de Adelung sobre la lengua cantábrica o vasca, San Sebastián, 1933); Prüfung der Untersuchungen über der Urbewohner Hispaniens vermittelst der Vaskischen SpracheŁ Berlin, 1821 (trad. de Ramón Ortega y Frías, Los primitivos habitantes de EspaĖa. Investigaciones con el auxilio de la lengua vasca, Madrid, 1879; trad. de Telesforo de Aranzadi, Examen de las investigaciones sobre los aborígenes de EspaĖa mediante la lengua vasca, San Sebastián, 1935; trad. F. Echebarría, Primitivos pobladores de EspaĖa y lengua vasca, Madrid, 1959; trad. de L. Rivero, Investigaciones sobre los primitivos habitantes de EspaĖa con ayuda de la Lengua Vasca, Madrid, 1990). Véase también Cuatro ensayos sobre EspaĖa y América (trad. M. de Unamuno y J. Gárate) (Vascónica, La travesía vasca, El teatro de Sagunto, El Montserrat), Madrid, 1951; “Los Vascos. Aportaciones sobre un viaje por el País Vasco, en Primavera de 1801” (trad. T. de Aranzadi), “Bocetos de viaje a través del país vasco”, Euskal Herria, 1889, XX, págs. 424, 456, 496, 521 y 567 (trad. de Miguel de Unamuno); Reisetagebuch (trad. de J. Gárate, El viaje espaĖol de Guillermo de Humboldt (1799-1800), Buenos Aires, 1946; M. A. Vega, Diario de viaje a EspaĖa 1799-1800, Madrid, 1998); “Der Montserrat bei Barcelona”, Allgemeine geographische Ephemeriden, XI, 1803, pp. 265-313; Über das antike Theater in Sagunt, GS 3, 1904, pp. 60-113; etc.

[56] A. Morpurgo Davies, 1994, Ninteenth Century Linguistics, London, pp. 108-110.

[57] A. Farinelli, 1924, Guillaume de Humboldt et lęEspagne, avec une esquisse sur Goethe et lęEspagne, Torino; J. Gárate, 1933, G. de Humboldt. Estudio de sus trabajos sobre Vasconia, Bilbao; L. Michelena, 1976, “Guillaume de Humboldt et la langue basque”, en L. Heilmann, ed., Wilhelm von Humboldt nella cultura contemporanea, Bologna, pp. 113-131; A. Tovar, 1980, Mitología e ideología sobre la lengua vasca. Historia de los estudios sobre ella, Madrid, pp. 150–158.

[58] Sobre su persona y obra, E. Spranger, 1909, Wilhelm von Humboldt und die Humanitätsidee, Berlin; K. Grube, 1935, Wilhelm von Humboldts Bildungsphilosophie. Versuch einer Interpretation, Halle; E. Kessel, 1967, Wilhelm von Humboldt. Idee und Wirklichkeit. Stuttgart; P. Berglar, 1970, Wilhelm von Humboldt, Reinbek; W. Richter, 1971, Der Wandel des Bildungsgedankens. Die Brüder von Humboldt, das Zeitalter del Bildung und die Gegenwart, Berlín; T. Borsche, 1990, Wilhelm von Humboldt, München; etc..

[59] Para la obra completa, W. von Humboldt, Gesammelte Schriften, Berlin 1903-1936, 17 vols. (reed. 1968; citado como GS, con el volumen en números romanos y la página, en árabes); id., Werke in fünf Bänden, Darmstadt 2002 (citado como WfB). Su correspondencia, en R. von Freese, ed., Wilhelm von Humboldt, Sein Leben und Wirken dargestellt in Briefen, Tagebüchern und Dokumenten seiner Zeit, 1953.

[60] H. Deiters, 1960, “Wilhelm von Humboldt als Gründer der Universität Berlin”, Forschen und Wirken. Festschrift zur 150-Jahrfeier der Humboldt Universität zu Berlin, I, Berlín; W. Richter, 1971, Der Wandel des Bildungsgedankens. Die Brüder von Humboldt, das Zeitalter del Bildung und die Gegenwart, Berlín; C. Menze, 1975, Die Bildungsreform Wilhelm von Humboldts, Hannover; M. R. Martí Marco, 2012, Wilhelm von Humboldt y la creación del sistema universitario moderno, Madrid.

[61] W. Von Humboldt, Über das vergleichende Sprachstudium in Beziehung auf die verschiedenen Epochen der Sprachentwicklung, 1820; Id., Über die Verschiedenheit des menschlichen Sprachbaus und seinen Einfluss auf die geistige Entwicklung des Menschengeschlechts, 1836 (Paderborn, 1998).

[62] W. von, Humboldt, 1928, Über die Sprache der Südseeinseln; Id., 1836-1840, Über die Kawisprache auf der Insel Java; etc.

[63] W. von Humboldt, 1836, Über die Verschiedenheit des menschlichen Sprachbaus und seinen Einfluss auf die geistige Entwicklung des Menschengeschlechts, cap. I, en op. cit. n. anterior, 1836-1840 (trad. Sobre la diversidad de la estructura del lenguaje humano y su influencia sobre el desarrollo espiritual de la humanidad, Barcelona, 1990).

[64] M. Batllori, 1959, “El archivo lingüístico de Hervás en Roma y su reflejo en Wilhelm von Humboldt”, Archivum Historicum Societatis Iesu, 20, 1959, págs. 59-116.

[65] Sobre las relaciones de Wilhelm von Humboldt con EspaĖa, A. Farinelli, 1924, op. cit. n. 57; O. Quelle, “Wilhelm von Humboldt und seine Beziehungen zur spanischer Kultur”, Ibero-Amerikanisches Archiv, 8, 1935, pp. 339-349; Th. Heinermann,“Guillermo de Humboldt en EspaĖa”, Boletín Bibliográfico del Instituto Alemán de Cultura, X, 1942, pp. 17-25; J. Gárate, El viaje espaĖol de Guillermo de Humboldt (1799-1800), Buenos Aires, 1946; H. Wido, “Wilhelm von Humboldt und Spanien”, H. Jurestschcke, ed., Zu Spanienbild der Deutschen in der Zeit der Aufkärung, Münster, 1997, pp. 207-239; J. M. Artola, “La vocación de Alexander von Humboldt y su relación con EspaĖa”, La imagen de EspaĖa en la Ilustración alemana, Madrid, 1991, pp. 265-288; A. León, Imágenes arqueológicas de la EspaĖa ilustrada. El teatro romano de Sagunto, Sevilla, 2006; S. Rebok, M. Puig-Samper y M. Almagro-Gorbea, “Wilhem y Alexander von Humboldt y la anticuaria hispana de la Ilustración”, De Pompeya al Nuevo Mundo. La Corona EspaĖola y la Arqueología en el siglo XVIII (Antiquaria Hispanica 23), Madrid, 2012, pp. 280-297; J. de Hoz, “Wilhelm von Humboldt”, en D. Marzoli, J. Maier y Th. Schattner, eds., Historia del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid. Geschichte der Madrider Abteilung des Deutchen Archaeologisches Instituts. 1, Antecedentes y fundación del Departamento de Madrid (Iberia Archaeologica 4), Mainz, 2013, pp. 127-140.

[66] Cita recogida por M. A. Vega, ed., 1998, W. von Humboldt, Diario de viaje a EspaĖa. 1799-1800, Madrid, pp. 13 y 25-26.

[67] Sobre sus viajes por EspaĖa véase W. von Humboldt, 1998, op. cit. n. 66, o la siguiente edición, que incluye también su correspondencia con EspaĖa, así como la de su esposa Caroline: J. Gárate, 1946, op. cit. n. 65. Fruto de estos viajes son sus publicaciones sobre EspaĖa, vid. supra, n. 55.

[68] Para Astarloa, Diccionario Biográfico EspaĖol, V, 2010, pp. 813-815; para Erro, id., XVII, 2011, pp. 431-433.

[69] Die Vasken, oder Bemerkungen auf einer Reise durch Biscaya und das französische Basquenland im Frühling des Jahrs 1801 (Roma, 1805), texto publicado en GS 13, op. cit. n. 59, pp. 4-195; WfB, op. cit. n. 59, 11, pp. 418-627; “Los Vascos” (traducción de T. de Aranzadi), Revista Internacional de Estudios Vascos, 13, 1922; “Diario del viaje vasco, 1801” (traducción de T. de Aranzadi), Revista Internacional de Estudios Vascos, 14, 1923; “Bocetos de un viaje a través del País Vasco” (traducción de M. de Unamuno), Revista Internacional de Estudios Vascos, 15, 1924.

[70] Para sus relaciones con la lengua y el País Vasco, A. Farinelli, “Guillermo de Humboldt y el País Vasco”, Revista Internacional de Estudios Vascos, XIII, 1922, pp. 257-272; A. Farinelli, M. de Unamuno y T. Aranzadi, Guillermo de Humboldt y el País Vasco, San Sebastián, 1925; J. Gárate, G. de Humboldt. Estudio de sus trabajos sobre Vasconia, Bilbao, 1933; M. Batllori, 1959, op. cit. n. 64, pp. 59-116; L. Michelena, “Guillaume de Humboldt et la langue basque”, en L. Heilmann, ed., Wilhelm von Humboldt nella cultura contemporanea, Bologna, 1976, pp. 113-131; A. Tovar, 1980, op. cit. n. 57; J. Caro Baroja, Sobre la lengua vasca y el vascoiberismo, San Sebastián, 1982; J.-D. Toledo y Ugarte, “Tras las Huellas de Guillermo de Humboldt en el País Vasco”, Revista Internacional de Estudios Vascos, 36,2, 1991, pp. 449-495; AAVV, “Dossier sobre Wilhelm von Humboldt”, Revista Internacional de Estudios Vascos, 48, 2003.

[71] Historia General de EspaĖa, 1592; 1601; ed. 1950, 1.

[72] Annio de Viterbo, Antiquitatum variarum volumina XVII, Roma, 1498.

[73] J. Caro Baroja, 1991, Las falsificaciones de la historia, Madrid, pp. 66 s.; L. Pérez Vilatela, 1993, “La onomástica de los apócrifos reyes de EspaĖa en Annio de Viterbo y su influencia”, en J. M. Maestre y J. Pascual, eds., Actas del I Simposio sobre “Humanismo y pervivencia del mundo clásico”, Cádiz, pp. 807-819; J. A. Caballero, 2002, Annio de Viterbo y la historiografía espaĖola del XVI, en J. M. Nieto IbáĖez, ed., Humanismo y Tradición Clásica en EspaĖa y América, León, pp. 101-120.

[74] Suma de las cosas cantábricas y guipuzcoanas (reed. Donostia, 1944), en las que narra que Túbal habría traído a Iberia una de las lenguas habladas en la Torre de Babel (Gen. 11), que sería la ibérica, conservada por los vascos gracias a su heroísmo.

[75] Compendio historial de las chronicas y universal historia de todos los reynos de EspaĖa, Amberes, 1571.

[76] A. de Poza, 1587: De la antigua lengua, población y comarcas de las espaĖas, Bilbao, 1587.

[77] J. R. Zubiaur, 1990, Las ideas lingüísticas vascas del siglo XVI, San Sebastián. En general, Diccionario Biográfico EspaĖol, XXIX, 2012, pp. 73-75.

[78] F. Villar, 2000: Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana, Salamanca, p. 59.

[79] I. Goropius Becanus), Origenes Antwerpianae, Amberes, 1572.

[80] J. Parson, 1767, The Remains of Japhet, being historical enquiries into the affinity and origins of European languages, London (reed. York, 1968).

[81] Este Diccionario es una obra de referencia en la historiografía de la lengua vasca, pero su Prefacio ofrece una antigua inscripción vasca inventada en alfabeto desconocido (Larramendi, 1745, 82), cuya traducción no requiere comentarios, pues da perfecta idea del ambiente cultural: A nuestro gran hacedor, los Escaldunes, de su mano y sujeción le erigi­mos esta tabla sólida de metal, al tiempo que se nos han entrado la primera vez los extranje­ros de diferente lengua, para dar a entender a nuestros venideros que adoramos y muy de veras a uno solo, y no como estos huéspedes, a tantos mentirosos y ridículos dioses. M. Almagro-Gorbea, 2008, Los orígenes de los Vascos, Madrid, pp. 23 s.

[82] Para estos escritores, J. R. Zubiaur, 1990, op. cit. n. 77; J. J. López Antón, 2000, Escritores carlistas en la cultura vasca. Sustrato lingüístico y etnográfico de la vasconia carlista, Pamplona, p. 16; M. Almagro-Gorbea, 2008, op. cit. n. 81, pp. 23 s.

[83] M. Batllori, op. cit. n. 64; M. Breva-Claramonte, 2008, “Lorenzo Hervás (1735-1809) y la tipología lingüística moderna”, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, seĖala cómo Humboldt utilizó la obra de Hervás, que juzga con dureza por recoger muchos datos con poco método (GS, 5, p. 2), pues minusvalora a sus predecesores para engrandecer sus aportaciones, hecho frecuente en la historia de la ciencia. Para la biografía de Hervás, Diccionario Biográfico EspaĖol, XXVI, 2011, pp. 205-208.

[84] G. Mayans i Siscar, 1756 (1999), Introductio ad veterum inscriptionum historiam litterariam (L. Abad y J. M. Abascal, eds., Bibliotheca Archaeologica Hispana 4), Madrid, p. 96: “quien afirma haber leído una lámina de un metal desconocido escrito en caracteres desconocidos más antiguos que los romanos, cartagineses, griegos y fenicios, no dudo que hubiera leído también el libro de Henoch, en caso de que hoy existiera” J. Traggia, en el Diccionario geográfico histórico de EspaĖa, Madrid, 1802, replicado por P. P. de Astarloa, 1803, Apología de la lengua bascongada o ensayo crítico filosófico de su perfección y antigüedad sobre todas las que se conocen, en respuesta a los reparos propuestos por el Diccionario geográfico histórico de EspaĖa, Madrid; Id., 1804, Reflexiones filosóficas en defensa de la Apología de la lengua bascongada o Respuesta a la Censura Crítica del Cura de Montuenga, Madrid; Para esta polémica, M. Almagro-Gorbea, op. cit. n. 82, pp. 26 s.

[85] A. Farinelli, 1922, op. cit. n. 70, seĖala que “algo nuevo se había despertado en la conciencia del sabio: el reconocimiento de su inclinación natural al estudio de las lenguas, fundado en el estudio del carácter y del alma de los pueblos… Le servirá el vascuence como fundamento de sus estudios, por lo que debía investigarse el vascuence para llegar a las primeras fuentes de las lenguas de Europa...”. Sobre Humboldt y la lengua vasca, vid. supra,op. cit. n. 57; Quelle, 1935, op. cit. n. 65.

[86] W. von Humboldt, 1821, op. cit. n. 55, p. 128.

[87] Op. cit. n. 55.

[88] Bien analizada por J. de Hoz, 2013, op. cit. n. 65.

[89] M. Rodríguez de Berlanga, 1881: Los bronce de Lascuta, Bonanaza y Aljustrel, Málaga, pp. 56 s.; J. Caro Baroja, 1982, op. cit. n. 70, pp. 1-61; S. Pastor, 2004, “Humboldt, Schuchardt y Menéndez Pidal: tres momentos del vascoiberismo”, V Congreso de Lingüística General, León-2002, Léón, III, pp. 2211-2224.

[90] L. J. Velázquez de Velasco, Ensayo sobre los alphabetos de las letras desconocidas…, Madrid, 1752.

[91] F. Fita, 1878, “Restos de la declinación céltica y celtibérica en algunas lápidas espaĖolas”, La Ciencia Cristiana, Madrid.

[92] A. U. Stylow y H. Gimeno, “Emil Hübner”, Pioneros de la arqueología en EspaĖa del siglo XVI a 1912, Alcalá de Henares, pp. 333-340. E. Hübner, 1893, p. III, le dedicó significativamente su obra Monumenta linguae Ibericae (Berlin): Memoriae Wilhelmi de Humboldt sacrum

[93] Entre las obras esenciales de H. Schuchardt cabe destacar Die iberische Deklination, Viena, 1907. Cf. Schwerteck, 1977, “Schuchardt und die baskischen Studien”, K. Lichem y H.-J. Simon, eds., Hugo Schuchardt. Gotha 1842 - Graz 1927. Schuchardt-Symposium 1977 in Graz. Voträge und Aufsätze, Wien; pp. 219-236; G. Bossong, “Wilhelm von Humboldt y Hugo Schuchardt: dos eminentes vascólogos alemanes”, Arbor, 467-468, 1984, págs. 163-182; S. Pastor, 2004, op. cit. n. 89.

[94] M. Gómez Moreno, 1922, “De epigrafía ibérica: el plomo de Alcoy”, Revista de Filología EspaĖola IX, pp. 341-366.

[95] J. Caro Baroja, 1954, “La escritura en la EspaĖa Prerromana (Epigrafía y Numismática)”, R. Menéndez Pidal (ed.), Historia de EspaĖa 1,3, Madrid, p. 658; J. Untermann, 1961, Sprachräume und Sprachbewegungen im vorrömischen Hispanien, Wiesbaden; A. Tovar, 1980, op. cit. n. 57; Id., 1995, “El mito del Euskera y los orígenes del Vascuence. El Idioma en el siglo XX”, Temas culturales Vascos 1, Madrid, pp. 31-50; L. Michelena, 1988, Sobre historia de la lengua vasca, San Sebastián, pp. 66 s., 107 s., 150 s.; F. Villar, 2000, op. cit. n. 78, pp. 59 s.; F. Villar y B. M. Prósper, 2005, Vascos, celtas e indoeuropeos. Genes y lenguas. Salamanca; etc.

[96] J. M. de Barandiarán, 1934, El hombre primitivo en el País Vasco, Donostia; id. 1995, El hombre prehistórico en el País Vasco, Hernani; X. PeĖalver, 1999, Sobre el origen de los vascos, San Sebastián.

[97] C. Ortiz de Urbina, 1996, La Arqueología en Álava en los siglos XVIII y XIX, Vitoria, p. 296, n. 965.

[98] J. M. Basabe, 1985, “La identidad vasca y biología de la población”, Eukaldunak. La etnia vasca 5. Lasarte-Oria, pp. 17-32; A. J. Ammerman, L. L. Cavalli-Sforza, 1984, The Neolithic Transition and the Genetics of Population in Europe, Princeton, USA; L. L. Cavalli-Sforza, P. Menozzi y A. Piazza, 1997, The History and Geography of Human Genetics, Princeton, USA.

[99] N. Izagirre, S. Alonso y C. de la Rúa, 2001, “DNA analysis and the evolutionary history of the Basque population: A review”, Journal of Anthropological Research 57,3, pp. 325-344; S. Alonso, C. Flores, V. Cabrera, A. Alonso, P. Martín, C. Albarrán, N. Izagirre, C. de la Rúa, O. García, 2005, “The place of the Basques in the European Y chromosome diversity landscape”, European Journal of Human Genetics 13, pp. 1293–1302; A, Alzualde, N. Izagirre, S. Alonso, A. Alonso, C. Albarrán, A. Azkaratey, C. de la Rúa, 2006, “Insights into the ‘‘Isolation’’ of the Basques: mtDNA Lineages from the Historical Site of Aldaieta (6th–7th Centuries AD)”, American Journal of Physical Anthropology 130,3, pp. 394-404; C. de la Rúa, S. Alonso, y N. Izagirre, 2006, “Tradición e innovación de la Antropología Física en el País Vasco”, Homenaje a Jesús Altuna III (Munibe 57,3), San Sebastián, pp. 315-326.

[100] F. Fita, 1878, op. cit. n. 91; H. d’Arbois de Joubainville, 1894, « Les Celtes en Espagne », Revue Celtique 14, p. 357-395; 15, p. 1-61; J. Costa, 1917, Costa, J., 1917, Derecho consuetudinario y economía popular de EspaĖa. Zaragoza (reed. 1981).

[101] J. Untermann, 1965, Elementos de un atlas antroponímico de la Hispania Antigua, Madrid; M. L. Albertos, 1983, “Onomastique personnelle indigŹne de la Péninsule Ibérique sous la domination romaine”, en W. Haase, ed., Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt II, 29,2, Berlin, pp. 853-892; F. Villar, 2000, op. cit. n. 78, p. 285; F. Villar y B. M. Prósper, 2005, op. cit. n. 95.

[102] F. Fita, 1878, op. cit. n. 91, p. 64.

[103] Humboldt 1821, op. cit. n. 55, pp. 132 y 133.

[104] J. Untermann, 1961, op. cit. n. 95.

[105] W. von Humboldt, 1821, op. cit. n. 55, p. 212; id., 1959, op. cit. n. 55, p. 201.

[106] W. von Humboldt, 1959, op. cit. n. 55, pp. 200–201.

[107] M. Almagro-Gorbea, Epigrafía Prerromana. Real Academia de la Historia, Catálogo del Gabinete de Antigüedades, Madrid, 2003, pp. 60 s.; id., “Los epígrafes prerromanos falsos de la Real Academia de la Historia. Una larga tradición historiográfica”, en J. Carbonell, H. Gimeno Pascual y J. L. Moralejo, eds., El monumento epigráfico en contextos secundarios. Procesos de reutilización, interpretación y falsificación, Bellaterra, 2011, pp. 161-177.

[108] M. Almagro-Gorbea, 2008.

[109] Vid. supra, n. 95.

[110] Vid. supra, n. 99.

[111] M. Almagro-Gorbea, 2008, pp. 13 s.

[112] R. Twiss, 1775-1776, Travels through Portugal and Spain, Dublin.

[113] C. Chr. Plüer, 1777, Reise durch Spanien, Leipzig.

[114] E. Flórez, EspaĖa Sagrada, Teatro geográfico-histórico de la Iglesia en EspaĖa, vol. I-XXIX, Madrid, 1747 s.; A. Ponz, Viaje de EspaĖa (18 vols.), Madrid, 1772-1794.

[115] Véase para las biografías de estos personajes el Diccionario Biográfico EspaĖol, Madrid, 2013.

[116] M. A. Vega, ed., 1998, p. 23.

[117] W. von Humboldt, 1799-1800, pp. 233-234.

[118] Vid. supra, op. cit. n. 55.

[119] Recogida por G. Mayans, Epistolarum libri sex…, Valencia, 1732. Cf. N. Bas, “Manuel Martí y el reformismo ilustrado italiano de finales del siglo XVII”, Boletín de la Real Academia de la Historia, 199,2, 2002, pp. 221-262.

[120] E. de Palos y Navarro, Disertación  sobre el teatro, y circo de Sagunto, ahora villa de Murviedro,… Valencia, 1793. 

[121] J. Ortiz y Sanz, 1807, Viaje arquitectónico-antiquario de EspaĖa, Madrid, pp. 79 s.; cf. A. Canto, 2001, “El Viaje arquitectónico-antiquario de EspaĖa de Fray José Ortiz y Sanz: una carta arqueológica de espaĖa a fines del sigloXVIII”, Spal 10, pp. 29-55; A. León, Imágenes arqueológicas de la EspaĖa ilustrada. El teatro romano de Sagunto, Sevilla, 2006.

[122] Este texto corresponde a la conferencia impartida en el XXIII Encuentro Humboldt, celebrado en Madrid el 16 de junio de 2014, que va a ser publicado por la Fundación Alexander von Humboldt de EspaĖa. . Agradezco a su Presidente, Prof. Dr. Juan Luis Gómez Colomer, su amable autorización para publicarlo en esta ocasión.